El hombre que murió dos veces

Este sábado a las 19:00, Brasil hará su debut ante Marruecos en el Mundial 2026. El escenario será el Estadio de Nueva Jersey, y la Verdeamarela va en busca de su sexto título Mundial. En este post, repasamos la historia de Moacir Barbosa, uno de sus arqueros más emblématicos que sufrió, a raíz de un resultado deportivo, un hostigamiento por parte de su propio país.

Moacir Barbosa murió el 16 de julio de 1950 y el 7 de abril del año 2000. Si, como están leyendo, falleció dos veces. Si nos guiamos por el título, es una historia que ni la ciencia podría explicar, ya que nadie puede fallecer dos veces. Esta es una historia, que solo puede ser explicada desde el lado de la increíble pasión de una sociedad por el fútbol.

¿Quién fue Moacir Barbosa y cómo llegó al Mundial 1950?

Moacir Barbosa nació el 27 de marzo de 1921 en Sao Paulo. Arrancó su carrera profesional en un humilde club amateur de su ciudad natal. Sin embargo, hay un particularidad, y es que en sus inicios no se destacó como arquero. En aquel club paulista que lo vio nacer, Barbosa se desempeñó como extremo izquierdo. Un año después tomaría, quizá, la peor decisión de su carrera. En 1941, Moacir se marchó al Clube Atlético Ypiranga y arrancó su aventura bajo los tres palos. Con apenas 24 años, fue fichado por el Vasco da Gama. Con el Gigante da Colina fue parte de las conquistas de los campeonatos cariocas en 1945, 1947 y 1949 y el Sudamericano de Campeones 1948, considerada por la Conmebol como la predecesora de la Copa Libertadores. Además, con la selección Brasileña, fue el arquero titular en el Campeonato Sudamericano de Selecciones, competición que posteriormente sería denominada como Copa América, en 1949. Aquel torneo fue jugado en un formato de todos contra todos a una rueda. Brasil terminó igualada en puntos con Paraguay, por lo que debieron definir al campeón en una final. El 11 de mayo en el Estadio Sao Januario, gracias a los goles de Ademir, por triplicado, y de Tesourinha y Jair, ambos por duplicado, la Verdeamarela goleó por 7 a 0 a Paraguay y conquistó su tercera Copa América.

Mundial 1950: La previa

Luego de 12 años, el Mundial de Fútbol se volvia a disputar. Las ediciones de 1942 y 1946 no se habían llevado a cabo debido a la 2GM. Brasil fue elegida como sede para la cuarta edición de la Copa del Mundo. El formato se volvió a modificar respecto al de las pasadas ediciones de Italia 1934 y Francia 1938. Los 16 participantes previstos se dividirían en cuatro grupos de cuatro equipos cada uno. En cada uno se enfrentan una vez entre sí, por el sistema de todos contra todos, y solo pasará ronda el campeón de grupo. Luego, el mejor de cada grupo avanzará a una ronda final, que se definiría en un liguilla de todos contra todos, y el que más puntos hacía, se consagraría campeón. Se puede decir que este fue el único mundial de la historia, donde técnicamente no hubo una final en el sentido literal de la palabra. Sin embargo, hubieron varias selecciones que clasificaron pero no fueron parte de la fiesta mundialista: Escocia, Turquía, India. Pero, sin lugar a dudas, una de las ausencias más notables fue la de Argentina, que tampoco jugó el Campeonato Sudamericano de Selecciones en 1949.

La construcción del Maracaná

Brasil, como buen anfitrión, se encontraba ante la necesidad de construir un gran estadio en Río de Janeiro, la ciudad que por entonces era la capital del país. Ese fue el propósito que impulsó la edificación del Maracaná, una cancha con capacidad para 200 mil espectadores, la más grande del mundo, donde se jugarían el partido inaugural y el compromiso decisivo del campeonato. 

Mundial 1950

La Verdeamarela hizo su estreno el 24 de junio en el recién inaugurado Estadio Maracaná: goleada 4-0 a México para arrancar con el pie derecho. No obstante, luego empató 2-2 con Suiza, igualdad que encendió las alarmas, que rápidamente fueron apagadas al superar por 2 a 0 a Yugoslavia, lo que le permitió avanzar a la fase final. Las selecciones que acompañaron a Brasil fueron: Inglaterra en el grupo 2, Suecia en el grupo 3 y Uruguay en el grupo 4.

En la ronda final, el Scratch goleó por 7 a 1 a Suecia y 6 a 1 a España y llegó a la última fecha ante Uruguay con grandes chances de consagrarse campeón, ya que además, el empate le alcanzaba para hacerlo. Por otro lado, la Celeste tenía apenas 3 puntos, producto de un triunfo por 3 a 2 ante Suecia y un empate 2 a 2 ante España. En aquel entonces, la victoria daba dos unidades. Por su parte, España y Suecia, que se enfrentaron entre sí en la última fecha, llegaban a la última fecha a pelear por el ‘honor’ del tercer puesto. El título estaba entre los dos gigantes sudamericanos.

16 de julio de 1950: La previa 

Al Scratch le alcanzaba con el empate, mientras que Uruguay estaba obligado a ganar. Los medios daban por hecho la consagración de Brasil e incluso la FIFA acuñó las medallas de campeón en portugués. En su discurso previo al partido, el alcalde de Río de Janeiro, Ângelo Mendes de Moraes, dijo: «Brasileños, ustedes que dentro de unos minutos serán campeones del mundo; ustedes que no tienen rival en todo el planeta; a ustedes, a quienes ya saludo como vencedores, cumplí mi palabra al construir este estadio. Cumplan ahora con su deber al ganar la Copa del Mundo”.

Por otro lado, en el vestuario de Uruguay, el capitán Obdulio Varela pronunció una frase que marcaría un antes y un después: “No piensen en toda esa gente. No miren para arriba. El partido se juega abajo. Los de afuera son de palo. En el campo seremos once contra once. El partido se gana con los huevos en la punta de los botines”. 

16 de julio de 1950: El partido

A los dos minutos del segundo tiempo, Francia puso el 1 a 0 para Brasil, y la multitud enloqueció en las tribunas y plateas. Sin embargo, Obdulio volvió a dar una muestra de astucia y garra rioplatense. Producido el gol, agarró la pelota del arco uruguayo y empezó a protestar al árbitro, el inglés Arthur Edward Ellis, por un supuesto off-side en la jugada. No había posición adelantada, pero Varela había ganado minutos y enfriado tanto el partido como el fervor de las tribunas. A los  22’, tras un centro de Ghiggia, Schiaffino definió de primera y anotó el 1 a 1. A los 34’, Ghiggia le ganó una pelota larga a Bigode y encaró hacia el área brasileña. Una vez frente a Barbosa tenía la opción del pase atrás para Julio Pérez, pero también notó que el arquero brasileño esperaba esa maniobra, descuidando al mismo tiempo el primer palo. Ghiggia pateó y colocó la pelota en el espacio que había dejado Barbosa. Brasil no pudo volver a empatar, y Uruguay se consagró campeón del mundo en el medio de un estadio que no podía creer lo que estaba viviendo. Los jugadores y el público brasilero llorando. Según marcan las crónicas, el Maracanazo fue el partido de fútbol con más espectadores en la historia con una cifra oficial de 173.850 personas.

Fue tal la sorpresa que hasta Jules Rimet no podía creer lo que veía. Es así que el por entonces presidente de la FIFA contó : «Todo estaba previsto, excepto el triunfo de Uruguay. Al término del partido, yo debía entregar la copa al capitán del equipo campeón. Una vistosa guardia de honor se formaría desde el túnel hasta el centro del campo de juego, donde estaría esperándome el capitán del equipo vencedor (naturalmente Brasil). Preparé mi discurso y me fui a los vestuarios pocos minutos antes de finalizar el partido. Pero cuando caminaba por los pasillos, de momento, se interrumpió el griterío infernal. A la salida del túnel, un silencio desolador dominaba el estadio. Ni guardia de honor, ni himno nacional, ni discurso, ni entrega solemne. Me encontré solo, con la copa en mis brazos y sin saber qué hacer. En el tumulto terminé por descubrir al capitán uruguayo, Obdulio Varela, y casi a escondidas le entregué la estatuilla de oro, estrechándole la mano y me retiré sin poder decirle una sola palabra de felicitación para su equipo». 

La vida de Moacir después del Maracanazo

Después de aquel 16 de julio de 1950, la vida del arquero Moacir Barbosa no fue la misma. Si bien luego del partido su carrera deportiva siguió, ya nada sería lo mismo y sufriría el hostigamiento y desprecio por parte de su propio país durante 50 años. Sin lugar a dudas, una pesadilla para cualquier ser humano.

En 1993 se acercó a la concentración de Brasil, que se preparaba para afrontar el Mundial de Estados Unidos 1994, con la intención de saludar al plantel y desearle lo mejor a Cláudio Taffarel, pero no lo dejaron entrar por considerarlo “mufa”. “En Brasil, la pena mayor por un crimen es de 30 años de cárcel. Hace 43 que yo pago por un crimen que no cometí», reflexionó el mismo año que lo echaron de la concentración. Sin embargo, una de las historias más insólitas que vivió fue en un supermercado cuando una madre le dijo a su hijo: “Este es el hombre que hizo llorar a todo Brasil”.

El 7 de abril del año 2000, a sus 79 años, Moacir Barbosa falleció de un ataque al corazón. Al día siguiente, la prensa tituló: «La segunda muerte de Barbosa». En el olvido e injustamente crucificado por un partido de fútbol, Barbosa vivió durante medio siglo una pesadilla.

Moacir Barbosa en la cultura popular

Barbosa desempeñó un papel importante en la novela de ciencia ficción de Ian McDonald, titulada “Brasyl”. Además, es el protagonista de la biografía: “The Last Save of Moacyr Barbosa”, de Darwin Pastorin. En 1988 se estrenó un cortometraje brasileño titulado “Barbosa”, en el que un hombre de 49 años, interpretado por Antônio Fagundes, viaja al pasado para intentar evitar el gol de Ghiggia.

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